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Sueño Verde y la innovación puesta al servicio de la producción hortícola

Cerca de cumplir 30 años en el mercado, Sueño Verde ha logrado convertirse en el proveedor hortícola de los restaurantes de primera línea de la Ciudad.

Agustín Benito y Pablo Maseda, ambos ingenieros agrónomos, se conocieron estudiando en la Universidad de Buenos Aires. Cursando el tercer año de la carrera, se dieron cuenta que era momento de meter las manos en la tierra y llevar la teoría a la práctica. El padre de Agustín tenía un lote en Tortuguitas y juntos decidieron aprovechar el espacio para armar un invernadero. Para ese entonces, insertarse en el mercado laboral no era nada sencillo, así que forjar su propio camino fue la decisión que los llevó a crear Sueño Verde. Al principio fueron ellos mismos quienes sembraban, cosechaban y hacían las entregas en un auto compartido. En 2001 alquilaron una planta abandonada de jugos y para el 2014 llegaron a tener una planta de producción de casi 3000 metros. En la actualidad, el proyecto tiene a más de noventa empleados y la planta de procesamiento en Pilar.

La innovación jugó un rol fundamental en Sueño Verde desde sus comienzos cuando decidieron abocarse a semillas de productos no convencionales y encontrando en los cocineros clientes dispuestos a probarlos. El gastronómico entendió rápidamente la importancia de recibir hortalizas frescas y la diferencia de calidad que Sueño Verde traía a la mesa en comparación a las verdulerías comunes.

La trazabilidad es otro de sus pilares. A través de un código de barras logran desandar el camino que hizo cada producto a lo largo de la cadena productiva, de comercialización y distribución.

Papines andinos en Tupungato, Mendoza

Aunque las papas andinas suelen relacionarse con el NOA, Mendoza se sumó al mapa productivo de este cultivo el año pasado. A 2000 metros de altura, en Tupungato, casi al lado de la Cordillera de los Andes; cuatro familias producen de manera artesanal este cultivo ancestral. En Quipu Cultivos Andinos, siembran, cosecha, lavan y seleccionan manualmente cada una de las papas que llegan a nuestras mesas.

Los papines andinos se consumen en nuestro territorio desde antes de la llegada de los conquistadores y tiene más de 13 mil años de historia. Este cultivo no conoce de fronteras y atraviesa gran parte de la geografía de América.

Sus coloraciones imitan al paisaje que lo rodea y gracias a la tradición, las costumbres y la transmisión de este saber de generación en generación; la papa andina se ha convertido en un recurso económico de gran importancia para la Argentina.

Para poder comunicar su cultura al consumidor,  los pequeños productores deben hacer frente a grandes desafíos como la comercialización, el packaging, las reglamentaciones sanitarias.

Primero como pequeños productores y después como nexo entre ellos, Sueño Verde viene trabajando desde hace más de 30 años en romper las barreras entre el pequeño productor y el consumidor. El objetivo del año fue comercializar casi 30 toneladas cosechadas para poder seguir creciendo cada vez más en esta zona productiva cuyana.

5ta Gama

Promediando el año y continuando con su espíritu innovador, Sueño Verde lanzó su nueva línea, 5ta Gama. Una propuesta que acerca al consumidor vegetales cocidos listos para incorporar a directamente a los plato. Sin agregado de aditivos ni conservantes, la cocción al vacío garantiza la conservación de todas las cualidades organolépticas de los productos.

Envasado en bolsas de vacío, puede conservarse a temperatura de refrigeración por dos meses. Una vez abierto debe consumirse dentro de las 48 horas.

La línea incluye remolacha entera cocida sin piel, coliflor cocida, zanahoria cocida, calabaza cocida sin piel, papines cocidos con ajo y romero, puré de papa y puré de calabaza.

Para más información www.sueñoverde.com.ar